La teoría sintérgica

Apéndice: Reflexiones acerca del tiempo

Acerca del tiempo se pueden plantear un sinnúmero de preguntas: desde su existencia objetiva hasta su relatividad. Empezaré con la primera pregunta, a saber; si su existencia es real o si es sólo un producto subjetivo de nuestro funcionamiento psicológico. A no dudarlo, el tiempo, en su percepción, cambia de acuerdo con el estado psicológico. De todos es conocida la experiencia de sentir cómo un minuto, medido por un reloj, se alarga subjetivamente cuando estamos en una situación de gran demanda o de peligro, y como se acorta considerablemente cuando vivimos una experiencia placentera.

Por otro lado, Alberto Einstein se encargó de demostrar que el tiempo posee una realidad relativa la cual depende de la velocidad del sujeto que lo mide. A medida que un viajero se acerca a la velocidad de la luz, su tiempo se lentifica con relación a un observador inmóvil y termina por desaparecer en el límite mismo de la velocidad de la luz. La famosa paradoja de los gemelos ilustra este relativismo temporal. En ella, uno de los gemelos viaja a una estrella distante a gran velocidad, cercana a la de la luz, mientras el otro permanece en la tierra. Al retorno del viajero, su hermano ha envejecido considerablemente más que él.

De esta forma, tanto desde un punto de vista objetivo como subjetivo, el tiempo no posee una existencia absoluta en lo que se refiere a la velocidad de su transcurrir.

¿Quiere esto decir que el tiempo no existe? Contestar afirmativamente a esta pregunta implicaría negar la existencia del pasado y de una dirección temporal de los eventos. Por ejemplo, si se vierte una gota de tinta en un vaso de agua, más tarde o más temprano toda el agua se habrá teñido con el color de la tinta; la dirección del proceso es desde la gota hasta su dilución. Sería impensable y absurdo considerar la existencia de una dirección temporal inversa. Es decir de la dilución a la gota, y por tanto se debe asumir la existencia de una direccionalidad temporal real y no objetiva.

Sin embargo, algunos físicos de frontera como Jack Sarfatti opinan que hay la posibilidad de que existan partículas elementales; los taquiones, capaces de viajar a velocidades supraluminales y por lo tanto en una dirección temporal invertida con respecto a la usual, es decir, del futuro al pasado.

Hasta donde yo sé, todavía no se ha podido demostrar la existencia de los taquiones, pero sí de interacciones a distancia instantáneas; es decir, sin retardo. Esto implica que desde un punto de vista objetivo, el tiempo es capaz de desaparecer. Por otro lado, los místicos y contemplativos de todas las épocas han hablado de la existencia de un Estado de Conciencia que funciona en la atemporalidad. Ellos afirman que todo lo que existe, acontece en un presente absoluto, en el cual no existe ni el pasado ni el futuro. Esto quiere decir que también desde un punto de vista subjetivo el tiempo puede dejar de existir.

¿Cómo compaginar todas estas diferentes concepciones y llegar a una conceptualización que las incluya sin contradicciones? Una posibilidad en este sentido la ofrece al modelo de la Lattice y la Teoría Sintérgica. De acuerdo con nuestro conocimiento de la Lattice, ésta es capaz de variar six organización, desde un nivel básico de total simetría y coherencia hasta su hiperdistorsión dada por sus interacciones con el Campo Neuronal y con el Hipercampo. Se podría postular que en el estado básico de la Lattice, el tiempo no existe y que un hombre cuyo Campo Neuronal sea de la suficiente Sintergia como para no distorsionar a la Lattice, experimentará la vivencia mística de la atemporalidad en un presente absoluto.

En cambio, en la Lattice distorsionada, sí transcurre el tiempo y consecuentemente también en la experiencia de un ser humano cuyo Campo Neuronal la distorsione. La relatividad temporal subjetiva depende entonces del nivel de distorsión de la Lattice la que a su vez depende del nivel de Conciencia y del funcionamiento cerebral y perceptual de un sujeto.

La Lattice en su estado básico es tan atemporal como la atemporalidad a la velocidad de la luz. Esta correspondencia parecería señalar que en realidad lo que llamamos «velocidad de la luz» corresponde al estado básico referencial de inmovilidad de la Lattice misma. La constancia de la velocidad de la luz independientemente de la velocidad de quien la mide señala en la misma dirección.

En otras palabras, parecería que en el Universo la referencia de inmovilidad es la de la luz, a la que erróneamente consideramos en movimiento cuando en realidad es la manifestación del estado básico de la Lattice. Con respecto a esa «referencia inmóvil» todo tiene un transcurrir y a ése lo llamamos tiempo.

En relación con nuestro funcionamiento perceptual, las diferencias en este «transcurrir temporal» producen efectos notables tales como las diferentes cualidades de la experiencia, las que como ya vimos, se relacionan con la duración del presente y con la Sintergia del Campo Neuronal.

Nuestra capacidad temporal de distorsionar la Lattice es generalmente efímera. Cada 50 milésimas de segundo creamos una imagen visual que no permanece estática sino que desaparece para dar lugar a una siguiente imagen que se funde con la primera a través de lo que Don Juan Matus llamaba el «Pegamento de la Realidad» dándonos así la ilusión de continuidad.

Lo mismo acontece con los sonidos los cuales se funden unos con otros en un continuo proceso de creación y muerte.

Cabría hacer la pregunta: ¿Qué pasaría si pudiéramos expander la duración de un percepto visual? Se antoja pensar que en ese caso lograríamos materializar los objetos creados por nuestro funcionamiento cerebral. En otras palabras, fijaríamos las distorsiones de la Lattice dadas por la interacción con nuestro Campo Neuronal. Que esta posibilidad puede ser realizada no me cabe la menor duda. De hecho, alguno de los Chamanes Mexicanos tales como Pachita eran capaces de materializar objetos y aún órganos biológicos.

En general, la creación de diferentes niveles de la Realidad depende del tiempo de su manejo y por lo tanto un análisis profundo del tiempo es tan fundamental e importante.

Acerca de la permanencia de los objetos también cabe intentar un análisis.

¿Por qué, por ejemplo, una roca dura más que una nube? Un físico nos diría que su ciencia ya ha logrado entender y también ha podido explicar tales diferencias y que éstas se relacionan con la estructura atómica y molecular. Un sólido es un sólido porque la distancia interatómica dentro de él es menor que la que se presenta en un líquido. Un gas es una organización de átomos y moléculas en la que los espacios vacíos son mucho mayores que los de un líquido, etc.

Sin embargo, ¿por qué si tanto el gas como el líquido y el sólido son distintas distorsiones de la misma Lattice, la diferencia de distancia resulta en variados niveles de permanencia?

¿La permanencia de una fantasía visual depende entonces de la distancia entre los elementos distorsionados de la Lattice?

¿Si pudiéramos imaginar una roca sólida y pesada, que es lo que evita que ésta se materialice y que es la que lo permite?

Como mencioné antes, tenemos evidencia comprobada acerca de la posibilidad de materializar objetos (ver mi libro: Los Chamanes de México. Vol. III Pachita. México INPEC 1987) por lo que las preguntas que acabo de plantear no son un simple juego de artificio sino una inquietud surgida de una observación empírica.

Algo en la morfología del Campo Neuronal y en su interacción con la Lattice debe ser la clave para entender tanto las diferentes cualidades de la experiencia perceptual (la luz, el sonido, etc.) como la permanencia de las distorsiones de la Lattice en los fenómenos de materialización. Ese algo se relaciona con el tiempo y su misterio.

Decía antes que para un objeto moviéndose a la velocidad de la luz, el tiempo no transcurre y que esto mismo acontece para la Lattice en su nivel básico de total coherencia y simetría. En cambio, para todo aquel que se mueve a una velocidad menor que la de la luz o para cualquier distorsión de la Lattice, el tiempo sí existe.

Esto quiere decir, que el tiempo podría ser el resultado de cualquier cambio o modificación de la estructura básica de la Lattice. Esto último explica por qué ocurren modificaciones temporales asociadas con la presencia de campos gravitacionales, ya que también estos últimos son alteraciones de la estructura de la Lattice: «curvaturas del espacio» tal y como las denominaba Einstein.

Puesto que el Campo Neuronal modifica la estructura de la Lattice, la estructura cerebral y su funcionamiento son «creadores» del tiempo. Por otro lado, la estructura atemporal de la Lattice en su estado básico al ser modificada por la Conciencia humana es imbuida de tiempo. Probablemente esto quiere decir que el tiempo es, más que otra cosa, una creación humana.

Sin embargo, una distorsión de la Lattice producida por cualquier partícula elemental o por un cuerpo macroscópico, también debe afectar el tiempo si es que éste, como afirmé antes, depende de la existencia de distorsiones de la Lattice. Por otro lado, al hablar del tiempo, estamos asumiendo su inexistencia de la misma forma que al hacer referencia al Ser o a la Conciencia, subtextualmente, estamos señalando su inexistencia. No es posible hablar de algo sin asumir la existencia de lo opuesto. Por ello, el tiempo implica el no tiempo.

El modelo de la Lattice satisface la necesidad de la existencia de la atemporalidad en la Lattice no distorsionada y del tiempo en la Lattice distorsionada. Tanto la actividad cerebral y sus productos como la materia inanimada y sus variantes distorsionan a la Lattice. Por lo tanto, ambas «crean» el tiempo.

Descargar Newt

Lleva La teoría sintérgica contigo