Capítulo IV. Los orbitales de la conciencia
La denominación «Orbitales de la Conciencia», se refiere a la existencia de diferentes niveles de la Conciencia.
En la Realidad, la Conciencia es Una y permea toda manifestación, desde la Lattice en su estado básico o fundamental hasta cualquiera de sus distorsiones incluyendo el Campo Neuronal y ambos Hipercampos. Sin embargo, el ser humano delimita la Conciencia Única y la focaliza y de allí resulta su división en niveles. Dependerá del funcionamiento individual, el acceso a los diferentes niveles de la Conciencia. Este acceso es en realidad una transformación perceptual dimensional por lo que los niveles de la Conciencia dependen de la percepción del Observador y de su identificación. Así por ejemplo, un Observador capaz de identificar su Conciencia individual con la estructura básica de la Lattice alcanzará la Conciencia de Unidad. En cambio, una identificación del Observador con el cuerpo orgánico activará un nivel de Conciencia corporal. El acceso dimensional del Observador y su fiscalización dará como resultado su funcionamiento dentro de una matriz de relaciones y ella constituirá su territorio perceptual.
Parecería que el Observador es capaz de percibir e identificarse con cualquiera y todos los estratos dimensionales de la organización de la Lattice, significando con esto, que se encuentra en sí mismo, en una dimensión que incluye a la propia Lattice. En otras palabras, la capacidad del Observador de percibir todos los niveles de la Lattice incluyendo a ésta en su estado básico, implica que el Observador no pertenece al Universo de la Lattice sino a otro independiente de ella.
Existen diferentes modelos que son otras tantas aproximaciones al análisis y descripción de los diversos Orbitales de la Conciencia. Todos ellos tienen en común, la consideración de que los niveles de la Conciencia dependen de la percepción del Observador y ésta del Territorio con el cual se identifica.
Presentaré primero el modelo que propone el Misticismo Judío (la Kabbalah), después el modelo Teosófico, más adelante el modelo Chamánico, después el modelo Budista, el modelo de la Psicología Transpersonal y por último, el modelo Sintérgico.
El modelo Kabbalístico
De acuerdo con Gershom G. Scholem (On The Kabbalah and its Symbolism. Schocken Books. New York, 1969-1973) en ninguno de sus sistemas, los Kabbalistas dejaron de afirmar la existencia de interrelaciones entre todos los mundos y niveles del Ser. Todo, según ellos, está conectado con el resto. De cualquier punto, las profundidas infinitas pueden ser contempladas. De acuerdo con el sistema de Moisés Cordovero, el ascenso del hombre hacia mundos superiores y a la frontera del «vacío» no involucra movimiento por parte suya, puesto que «en donde tú te halles, allí se encuentran todos los mundos».
De acuerdo con la Kabbalah, «lo que se localiza abajo se encuentra arriba y lo que está en el interior se sitúa en el exterior». Kabbalah afirma que no solamente el Todo está contenido en cada parte sino que también actúa sobre todo el resto. Aunque después analizaré el modelo Sintérgico, no resisto aquí la tentación de hacer recordar la similitud entre estas ideas y la organización de la Lattice tal y como fue descrita en el primer capítulo de este libro. De la misma forma, la consideración Kabbalística de que cualquier acto o pensamiento tiene un efecto sobre la totalidad, tiene su demostración experimental en los efectos que el Campo Neuronal produce sobre la Lattice, otros Campos Neuronales y ambos Hipercampos (ver: Grinberg-Zylberbaum, J. 1982. Psychoenegetics: 4:227-256, y Grinberg-Zylberbaum J. y Ramos J. 1987. International Journal of Neuroscience. 36 [1-2]: 41-54).
El modelo que postula la Kabbalah es simultáneamente longitudinal y concéntrico. La aproximación longitudinal intenta resolver el misterio de la creación desde un principio transcendente e invisible hasta su manifestación en la acción. Este modelo tiene por lo menos 6 niveles que son otros tantos mundos o universos. Cada Universo pertenece a una dimensión distinta. Al mismo tiempo, cada Universo está asociado con un nivel del «Alma» y con una letra hebrea.
La siguiente tabla modificada de un estudio de Aryeh Kaplan (Meditación and Kabbalah, Edit. Samuel Weiser, Maine 1982) presenta las relaciones que la Kabbalah propone entre los niveles del «Alma», los Universos y las letras Hebreas:
| Niveles del «Alma» | Universo | letra | ||
| Ein Sof-Sin Final | ||||
| Yejidah-Esencia Única | Adam Kadmon-Hombre | |||
| (Singularidad) | Arquetípico | |||
| Jai-Esencia Viva | Atzilut Emanación | Yud | ||
| Neshamah-Pneuma | ||||
| (Aliento) | Beriyah Creación | Hei | ||
| Ruaj-Espíritu | Yetzirah Formación | Vav | ||
| Nefesh-Alma | Asiyah Acción | Heí |
El Universo del Adam Kadmon es el del hombre primigenio o arquetípico. El Adam Kadmon representa a lo humano en su origen o estrato de mayor abstracción. No es, en realidad, el primer nivel transcendente sino una manifestación, extraordinariamente elevada de aquél. Por arriba de Adam Kadmon, la Kabbalah sitúa al Ein Sof cuya traducción sería el Sin Final ligado íntimamente con Dios.
El nivel del «Alma» asociado con el Adam Kadmon es Yejidah cuya traducción literal es «Singularidad» y que constituye la «Esencia Única» y lo que no puede dividirse y es Uno. Así como del Ein Sof proviene el Adam Kadmon de este último surge Atzilut que es lo de mayor Cercanía al Hombre Arquetípico y que se asocia con el nivel del «Alma» Jai, la Esencia Viva o lo Viviente.
En el Judaísmo, el nombre de Dios «Yehova» se escribe con cuatro letras la primera de las cuales Yud corresponde a la I latina y pertenece al Universo de Atzilut o Emanación y al nivel del «Alma» Jai o lo Viviente.
De Atzilut surge la Creación o el Universo de Beriyah asociado con el nivel de Neshamah o Pneuma y con la siguiente letra del nombre de Dios; Heí que corresponde a la letra latina H o J. De esta forma, la singularidad de Yejidah que a su vez se transforma en lo Viviente o Jai desemboca en Neshamah o Pneuma.
Hasta antes de Neshamah, los niveles del «Alma» eran impersonales. Neshamah asociada con el Universo de Beriyah o Creación comienza a pertenecer a un individuo específico y es, por así decirlo, su envoltura o cuerpo más sutil; su contacto entre lo personal y lo transpersonal; entre lo Divino y lo Humano.
A partir de Beriyah surge Yetzirah, Formación, es decir, lo Creado en Beriyah comienza a adquirir forma en Yetzirah. Esta Formación parecería corresponder con la primera activación de una distorsión del Espacio y la letra del nombre de Dios correspondiente es la Vav o V latina. El nivel del «Alma» correspondiente es Ruaj o Espíritu y, podría pensarse que es el mecanismo que al actuar distorsiona el Espacio. Antes de Ruaj no hay distorsiones.
Por último, después de la Formación se da la Acción en el Universo de Asiyah el cual corresponde con la última letra del nombre de Dios; Hei y con el nivel Nefesh o Alma.
Las cuatro letras del nombre de Dios Yud, Hei, Vav, Hei forman el Tetragamatón y son un verdadero sistema algorítmico que contiene el esquema de la Creación a partir de lo Viviente hasta su manifestación en la Acción.
Cada nivel de la Conciencia está dado por la identificación del Observador con cualquiera de los cinco posibles estratos del «Alma», desde Nefesh o Alma individual hasta Yejidah la Singularidad primigenia.
Este modelo Kabbalístico es longitudinal porque cada nivel del mismo proviene o nace de un precedente y da lugar a un consecuente en una cadena que comienza en una Singularidad la que adquiere Vida, Pneuma, Espíritu y por último Alma.
El modelo concéntrico de la Kabbalah se conoce como el esquema de la Sefirot y de ellas se han descrito 10 formando el «Árbol de la Vida».
Cada Sefira es un atributo o cualidad de la Conciencia y constituye una emanación a partir del Ein Sof. El modelo longitudinal está imbricado dentro del concéntrico porque cada Sefira se manifiesta a través de un proceso de Emanación, Creación, Formación y Acción. Este proceso se logra experimentar utilizando técnicas Kabbalísticas de meditación. Por ejemplo, el Rabino Joseph Tza[6] ideó una meditación en colores en la cual la concentración sostenida en un color específico (asociado con una chacra) activa la cualidad de la Conciencia de esa Sefira.
Otra técnica consiste en concentrar la atención en el nombre hebreo de la Sefira o en sus atributos hasta que éstos se comienzan a experimentar.
Algunos Kabbalistas han asociado las diferentes Sefirot con las partes del cuerpo humano.
La siguiente tabla[7] contiene el nombre hebreo de cada Sefira, su traducción y el color asociado.
| Sefira | Color | |
| Keter-Corona | Blanco | |
| Jojmah-Sabiduría | Un color que incluye a todos los colores. | |
| Binah-Entendimiento | Amarillo y verde | |
| Jesed-Amor | Blanco y plateado | |
| Gevurah-Fuerza | Rojo y dorado | |
| Tiferet-Belleza | Amarillo y púrpura | |
| Netzaj-Victoria | Rosa claro | |
| Hod-Esplendor | Rosa obscuro | |
| Yesod-Fundamento | Anaranjado | |
| Maljut-Reino | Azul |
Los extremos de las Sefirot; Keter y Meljut se refieren a dos niveles también extremos de la Conciencia, Keter lo más elevado y Maljut su manifestación. El modelo de las Sefirot es concéntrico porque cada Sefira está contenida dentro de la siguiente como las capas de una cebolla. Sin embargo, también es longitudinal en el sentido de que existen conexiones lineales entre cada capa. Más aún, cada Universo desde Atzilut hasta Asiyah se puede dividir en 10 estratos correspondientes con la Sefirot de tal Universo.
La Kabbalah considera la existencia de un centro luminoso ligado al Ein Sof cuya «Luz» alumbra cada Sefira en cada Universo. Dependerá de la limpieza interna del individuo, qué tanta obstrucción exista entre su conciencia y la «Luz». Mientras menos «suciedad interna» exista mayor será la luminosidad que llegue y viceversa; un individuo con una problemática interna intensa actuará como poseyendo «velos» de obstrucción para la «Luz». En esta concepción, cada Sefira es una Emanación de la «Luz» del Ein Sof.
La mayoría si no es que todas las técnicas prácticas de la Kabbalah tienen como finalidad la purificación de los «velos» de tal forma que la «Luz» no encuentre obstrucciones.
A su vez, cada Sefira actúa y es una especie de «vasija» o contenedor de un atributo de la «Luz» proveniente del Ein Sof. Cada una de estas «vasijas» al ser llenada por la «Luz» activa un atributo o cualidad de la Conciencia.
Una similitud entre esta concepción y la Teoría Sintérgica es la existencia de las Bandas Sintérgicas siendo la «Luz» y los «velos» la necesaria Sintergia que un Campo Neuronal debe poseer para establecer una interacción congruente y limpia con alguna Banda Sintérgica y así activar la experiencia consciente asociada con los tributos de ésta.
De acuerdo con la Kabbalah y en concordancia con la Teoría Sintérgica, la «Luz» jamás desaparece pero los «velos» de obstrucción pueden llegar a filtrarla tanto que su luminosidad podría no ser suficiente como para llenar alguna «vasija».
En la Teoría Sintérgica se considera que las Bandas Sintérgicas siempre existen «esperando» que algún Campo Neuronal adquiera el Poder Sintérgico suficiente como para interactuar en forma congruente con ellas.
El modelo Teosófico
La Teosofía tiene su origen contemporáneo en los escritos de Madame Blavatsky[8] la que fundó esta corriente del pensamiento que fue enriquecida por los estudios de Annie Besant y Leadbeater entre otros.
Según la Teosofía poseemos diferentes cuerpos, cada uno de los cuales está asociado con un nivel de la Conciencia. Estos cuerpos son siete en número: (1) el Físico, (2) el Etérico, (3) el Astral, (4) el Mental, (5) el Espiritual, (6) el Cósmico, y (7) el Nirvánico.
De acuerdo con Rajneesh (Psicología de lo Esotérico. Cuatro Vientos, Editorial Chile. 1980) no solamente la Conciencia es diferente en cada uno de los cuerpos, sino también, la cualidad y los contenidos de los sueños.
La Conciencia variará dependiendo de la identificación del Observador con alguno u otro de los cuerpos. Es importante mencionar que la denominación cuerpo se refiere a una organización o estructura perteneciente a cierta dimensión del Espacio. La existencia de siete cuerpos implicaría la también existencia de siete dimensiones.
Un procedimiento experimental que ejemplifica la existencia de estructuras pertenecientes a diferentes dimensiones es la Cymática (Jenny H. 1974, Cymatics, Basilius Press. Basel).
En ella, se crean patrones bidimensionales cuando un polvo fino colocado sobre una placa metálica es puesto a vibrar por un sonido de determinada frecuencia. Cuando la frecuencia del sonido se incrementa lo suficiente, el patrón se vuelve tridimensional. Tenemos pues aquí dos cuerpos dimensionales que resultan de la interacción (en diferentes frecuencias) entre un campo vibracional y un medio; un cuerpo bidimensional y el otro tridimensional.
Los cuerpos Teosóficos parecerían situarse en esta misma condición de ser estructuras estables localizadas en diferentes dimensiones. Ya veremos más adelante que las Bandas Sintérgicas y su interacción congruente con Campos Neuronales pueden ser concebidos desde una perspectiva similar. De la misma forma podrían ser entendidas las Sefirot, los Universos Kabbalísticos y los niveles del «Alma».
El primer cuerpo es el Físico y su estructura es orgánica. Su órgano de pensamiento y experiencia es el Cerebro tal y como lo conocemos. Está limitado por el Tiempo y el Espacio y es una distorsión hipercompleja y estable del Espacio. Su nivel de Conciencia es tridimensional.
El segundo cuerpo, Etérico es, según la Teosofía más sutil que el Físico y permanece invisible para éste. Es capaz de viajar a través del Espacio saliéndose, por así decirlo, del cuerpo Físico y su percepción es más directa y sutil que la de este puesto que no requiere de receptores orgánicos para decodificar la estructura de la Lattice. La acción perceptual del cuerpo Etérico podría explicar la Visión Extraocular en la cual niños entrenados son capaces de percibir el mundo visual sin el uso de sus receptores retinianos (Ver: Grinberg-Zylberbaum, J., Psychoenergetics 1983. 5:141-158).
El cuerpo Etérico está más ligado al Campo Neuronal y a la Lattice y posee una estructura propia más energética que celular.
Los sueños del cuerpo Físico están en correspondencia causal con la actividad cerebral y pueden ser estimulados activando los mecanismos receptores orgánicos. En cambio, los sueños del cuerpo Etérico corresponden a estímulos también Etéricos localizados en la estructura del Espacio. De esta forma alguien puede soñar que vuela y en realidad lo hace porque los movimientos del cuerpo Etérico no se encuentran ligados o restringidos por la gravitación espacial.
De acuerdo con Rajneesh (Psicología de lo Esotérico. Cuatro Vientos, Edit. Chile, 1980) las así llamadas visiones espirituales corresponden al cuerpo Etérico y son sueños Etéricos.
El cuerpo Etérico incluye al Espacio dentro de su campo de acción, es decir, se libera de la restricción espacial y el Espacio deja de ser un obstáculo para su acción. Por ello, la dimensión espacial en la cual actúa el cuerpo Etérico es incorporada en su interior mientras que esa misma dimensión permanece como externa para el cuerpo Físico.
El cuerpo Astral incorpora además del Espacio el Tiempo. Al igual que el cuerpo Etérico, el Astral puede localizarse en cualquier zona del Espacio pero no tiene límite alguno para viajar al pasado incluso remoto.
El cuerpo Astral según Rajneesh es capaz de recordar vidas anteriores y corresponde al inconsciente colectivo de Jung. Desde el punto de vista Sintérgico, el cuerpo Físico está ligado al Cerebro, el Etérico a la Lattice y al Campo Neuronal mientras que el cuerpo Astral se identifica más con ambos Hipercampos, pero sin poderlos trascender.
El cuerpo Mental incorpora además de la dimensión temporal hacia el pasado, el tiempo personal futuro. Se halla, por así decirlo en una dimensión en la que se unifican el Tiempo y el Espacio. El funcionamiento del cuerpo Mental implica una expansión en la duración del presente en la cual el pasado y el futuro quedan incluidos dentro de una Unidad perceptual. Esta misma expansión se relaciona con la activación sensorial en la cual la percepción visual, por ejemplo, funciona en una duración del presente mayor que la auditiva. El funcionamiento del cuerpo Astral implica la misma expansión pero en un orden de magnitud mucho mayor.
El cuerpo Mental sigue siendo un cuerpo individual, en cambio, el cuerpo Espiritual es transpersonal y por ello incorpora y trasciende ambos Hipercampos. Las experiencias del cuerpo Espiritual son compartidas por todos los que lo viven. Es un cuerpo de la especie y no de un individuo en particular.
El cuerpo Cósmico es el preámbulo a la Conciencia de Unidad. Este cuerpo transciende el Espacio, el Tiempo, la Individualidad y la dicotomía consciente/inconsciente.
Desde la perspectiva del cuerpo Cósmico todo posee Conciencia.
El cuerpo Nirvánico no puede describirse pues en él ya no existe el lenguaje. Equivale a la Conciencia de Unidad y a una completa identidad entre el Campo Neuronal y la estructura básica de la Lattice.
El modelo Chamánico
El modelo Chamánico es bifactorial, es decir considera la existencia de dos niveles generales de la Conciencia.
Algunos Chamanes denominan a estos dos reinos; el mundo visible y el mundo invisible (ver: Grinberg-Zylberbaum, J. Los Chamanes de México, Vol. I al VII INPEC México, 1987-1990). Otros Chamanes los llaman el Tonal y el Nahual (ver: Carlos Castaneda. El Fuego Interno. Emece, México, 1987).
El mundo visible equivale al Tonal y se refiere al nivel de la Conciencia cotidiana. En cambio, el mundo invisible o Nahual hace referencia a un nivel de Conciencia solamente accesible para los videntes.
Los Chamanes Oguiruames de la Sierra Tarahumara, hablan de la coexistencia de tres espíritus en cada persona denotando con ello la presencia de por lo menos tres niveles de la Conciencia.
El mundo invisible para los Graniceros del Estado de Morelos en México está poblado por seres «Astrales» que desafían la gravedad y viajan por el Espacio realizando trabajos de ayuda. El Chamán puede tener acceso a ese reino sutil adquiriendo en su contacto con el otro nivel de Conciencia.
Algunos Chamanes Mexicanos son capaces de penetrar a estados de trance mediumnístico cambiando no solamente su personalidad habitual sino manifestando un conocimiento que no pertenece al nivel de la Conciencia de la vigilia cotidiana.
El linaje del Chamán-Nahual Donjuán Matus de Sonora ha desarrollado todo un modelo acerca de la Conciencia y sus niveles. En este modelo, la percepción aparece como resultado de la alineación de dos sistemas de emanaciones, uno externo al cuerpo y el otro interno.
El cuerpo al que hace referencia este modelo no es el cuerpo orgánico sino un cuerpo energético luminoso que es visible para un vidente. La alineación de emanaciones se modula a través de la acción de un mecanismo de focalización que Don Juan Matus denomina «Punto de Encaje». Éste se localiza en la superficie del cuerpo o capullo luminoso y dependiendo de su posición en éste, alinea diferentes bandas de emanaciones, dando lugar a percepciones de realidades alternativas.
Los niveles de la Conciencia dependen de la profundidad en la que se sitúa el Punto de Encaje.
La similitud entre este modelo y el Sintérgico que afirma que la percepción surge como resultado de la interacción congruente entre un Campo Neuronal y la Lattice del Espacio-Tiempo es obvia.
Una de las características comunes de todos los Chamanes auténticos es su capacidad de comunicación directa, la que les permite conocer, sin el uso de instrumentos verbales el Estado de la Conciencia de quienes los visitan. Esta capacidad indica que el Campo Neuronal del Chamán se halla en posibilidad de interacción fluida con otros Campos Neuronales y con la capacidad de decodificarlos. De la misma forma, el Chamán parece ser capaz de decodificar y experimentar en forma directa ambos Hipercampos.
Se podría postular la existencia de un nivel de Conciencia Chamánica que he denominado «La Banda Chamánica» (ver: Grinberg-Zylberbaum, J. Los Chamanes de México. Vol. I al VII INPEC México 1987-1990).
El modelo Chamánico es complejo y varía de linaje a linaje aunque en todos ellos se vislumbran características comunes como las mencionadas antes y en especial la existencia de un modo de Conciencia Chamánica generalizada.
El modelo Budista
El modelo Budista también es bifactorial y queda ejemplificado en la vida de su creador. Hace aproximadamente 2500 años el que conocemos como Buda nació hijo de un Rey. Su infancia la vivió aislado dentro del Palacio de su padre y rodeado de todas las comodidades. Nunca conoció la enfermedad, la vejez y la pobreza.
Un día decidió salir de los jardines Imperiales y por primera vez tuvo contacto con el pueblo. Asombrado y dolido se dio cuenta de la existencia de la invalidez y el pesar. Abandonó su vida aristócrata y durante años se sometió a múltiples enseñanzas con el objeto de lograr su propia Iluminación. Desesperado porque ni el ascetismo, ni las prácticas religiosas ni las técnicas de control lo ayudaban, se sentó debajo de un árbol a meditar con la resolución de morir o llegar a Iluminarse. Después de varios días y al ver una estrella alcanzó lo que deseaba.
A partir de ese momento, se dedicó a enseñar y hasta el resto de sus días lo hizo. Su mente era de una claridad prístina y a través de cientos de discursos impartidos a miles de discípulos logró crear todo un movimiento de regeneración espiritual el cual todavía inspira y guía a millones de personas. Buda era un maestro verdadero y como tal enseñaba a cada quien según sus necesidades y sus niveles de entendimiento. Sus alumnos más avanzados crearon sus propias escuelas y linajes tratando de conservar intacto y sin desviaciones la enseñanza original. Pero como a cada discípulo Buda le impartió un método individualizado, estas escuelas difieren entre sí aunque todas conservan la misma dirección.
Por ejemplo, existen por lo menos tres escuelas de Vipasana. Todas utilizan la observación como técnica de desarrollo pero cada una en diferentes áreas y contenidos (observación de las sensaciones corporales, observación de las emociones y pensamientos, observación del entorno). Las tres afirman ser las depositarías de la enseñanza original de Buda y consideran a las otras como alejadas de la misma cuando en realidad todas son la enseñanza original.
La bifactorialidad del modelo Budista es la misma que vivió Buda. Sus dos Estados de Conciencia son la Conciencia cotidiana previa a la Iluminación y la Conciencia Iluminada.
El nivel de Conciencia cotidiana es aquél en el cual existe una identificación con contenidos emocionales, corporales o con las fluctuaciones mentales. El nivel de Conciencia Iluminada transciende las identificaciones fluctuantes y temporales y coloca al adepto en un Estado de contacto con la Realidad del Yo Puro.
En ese Estado, el placer y el dolor son vistos desde la misma perspectiva y no existen apegos ni sufrimientos mentales. El ser humano Iluminado se libera y alcanza su verdadera identidad como la Realidad misma y total.
Buda describió una gran cantidad de Estados de la Conciencia y sus análisis acerca de las condiciones mentales y sus vicisitudes no han podido ser superados.
Actualmente existen muchas diferentes escuelas de Budismo las que utilizan un amplio repertorio de técnicas de meditación, pero todas ellas se pueden situar dentro de tres corrientes principales; el Hinayana, el Mahayana y el Vajrayana.
El Hinayana considera que la Iluminación es individual y depende de un trabajo personal aislado y en soledad.
El Mahayana también considera que la Iluminación es individual pero ésta no se puede lograr a menos que todos la alcancen.
El Budista Mahayámico ayuda a los demás a lograr la Iluminación aún posponiendo la suya propia. Su aproximación es más congruente con la Conciencia de Unidad y con el desarrollo del amor y la compasión Universales.
El Vijrayana utiliza la energía de las emociones como vehículo para lograr la Iluminación.
Uno de los discursos principales de Buda, el Maha Satipatthana ejemplifica el método de este Iluminado. En él, Buda conmina a sus discípulos a mantener una observación desapegada de sus sensaciones corporales, de sus emociones, de sus contenidos mentales y de sus sentimientos señalando subtextualmente que toda identificación con éstos no libera pero en cambio su testificación desde la posición del Observador lleva a la Iluminación.
En el Sutra Surangama[9] existe otra indicación en el mismo sentido. Aquí se menciona la existencia de diferentes estratos o niveles de la Conciencia. Cada nivel se vive como el ego del nivel precedente y se convierte en el contenido del nivel consecuente, cuando éste último es alcanzado.
En este modelo, la consideración fundamental es la inexistencia de un Estado yoico absoluto y la idea de que lo que hace avanzar de nivel en nivel de Conciencia es la inclusión de contenidos de la experiencia dentro de un proceso de observación inclusiva. Estas consideraciones claramente coinciden con la descripción de los procesos de Neuroalgoritmización tratados en los capítulos precedentes.
Por otro lado, uno de los conceptos más queridos del Budismo es el de Sunyata o Vacío. Se entiende por Sunyata, la idea de que ni los objetos ni el yo poseen existencia absoluta e independiente. Al contrario, todo es parte de una matriz interdependiente de relaciones.
El modelo de la Psicología Transpersonal
La Psicología Transpersonal incorpora enseñanzas provenientes de las tradiciones Hindú, Budista, Teosófica y del Misticismo Cristiano, Islámico y Judío, dentro de su cuerpo doctrinario.
Se le llama Transpersonal porque se interesa en el desarrollo más allá de un ego personal y su campo de estudio incluye los Estados Transcendentes de la Conciencia.
De acuerdo con la Psicología Transpersonal, el nivel de Conciencia más natural y elevado es el de la Conciencia de Unidad en el cual, las diferencias entre objeto y sujeto, Observador y observado se diluyen en una Realidad Única y todo abarcante.
La Conciencia existe en todo pero el ser humano la fragmenta y limita asignándole fronteras de separación. Estas fronteras están dadas por identificaciones limitadoras. La más común de todas las identidades es la que se asocia con el ideal del yo. Cuando un niño es educado, tanto sus padres como su escuela lo presionan para aceptar su conjunto de valores culturales considerados positivos y rechazar otros catalogados como negativos.
La aparición de conductas «negativas» es castigada y la manifestación de pensamientos, ideas y acciones «positivas» es premiada. Poco a poco el infante se identifica con los aspectos «positivos» y reprime los «negativos».
Si una Sociedad considera que ciertas necesidades corporales son «negativas», enseña a bloquearlas aun cuando éstas se manifiesten naturalmente. Se establece así la primera frontera de la Conciencia. Cuando los aspectos «negativos» traspasan esa frontera, el propio sujeto se encarga de negarlos como parte de su identidad «real» sólo aceptando como válido y verídico lo «positivo». Se crea así una personalidad o máscara y una sombra.
La máscara es lo aceptado y la sombra lo rechazado. Cuando la sombra se activa, el sujeto acusa al exterior o a otros sujetos por su aparición. En los casos más graves, la sombra se manifiesta como alucinaciones o delirios de persecución. El sujeto, incapaz de aceptar como parte de su identidad real a los aspectos «negativos», los proyecta a los «otros» salvaguardando así su identidad con los aspectos «positivos».
Cuando la tensión entre la personalidad y la sombra se hace insuperable, sobreviene una crisis de identidad la que o bien se somatiza provocando una enfermedad y en su extremo la muerte o bien activa un proceso de incorporación de la sombra a la máscara.
Cuando esto último sucede y el sujeto logra aceptar como parte suya lo «negativo» que antes rechazaba y proyectaba al exterior, sobreviene un cambio de Conciencia. En éste, el sujeto adquiere un ego el que integra en una Unidad los aspectos «positivos» y «negativos».
Esta nueva identificación incorpora al cuerpo y sus necesidades como partes de la identidad «real». Se diluye una frontera de separación y la Conciencia se expande. Sin embargo, en este nivel de Conciencia que Ken Wilber denomina del Centauro y que ya incluye el cuerpo y la sombra, todavía existe una frontera entre el yo y el otro o entre el sujeto y el objeto.
Para acceder a un nuevo nivel de Conciencia la noción de cuerpo debe sufrir una expansión. En ésta, se incorporan al yo los acontecimientos, las experiencias y los patrones que antes eran considerados como pertenecientes a lo externo, es decir, al no yo. De esta forma, el Centauro se comienza a identificar con su territorio y acontece un acercamiento a la Unidad con los demás. Los otros y uno ya no están separados sino que se viven como unidos en una nueva identidad.
Más adelante, el sujeto se reconoce como un verdadero «hijo del hombre», es decir su Conciencia ya no es la de una persona independiente y separada sino humana en el más alto sentido de la palabra. Todas las emociones humanas, todos los sentimientos y experiencias que son capaces de vivirse como ser humano se aceptan como parte de la identidad. Ya no es fulanito el que experimenta sino que es el ser humano en fulanito el que se manifiesta.
Esta identificación con lo humano es un nivel de la Conciencia más expandido que la Conciencia del Centauro pero aún es limitado y con fronteras de separación.
El siguiente nivel de la Conciencia podría ser denominado Cósmica cuando el «hijo del hombre» incorpora el Cosmos como parte de su identidad real.
Por último, el hombre Cósmico se convierte, en el Ser o en la Existencia Pura y dejan de existir denominaciones e identidades parciales. Se alcanza así la Conciencia de Unidad.
Todos los niveles de la Conciencia se asocian con estratos de identificación y con fronteras cada vez más tenues hasta que la última división se rompe y se vive experimentando «aquello» que no tiene nombre como lo verdadero. En este nivel se comprende que cualquier imagen o percepto se ve a sí mismo y que lo que experimenta es «aquello» focalizado en uno mismo y por último, «aquello» y uno mismo se acaban por fundir en el Uno.
El modelo Sintérgico
El mayor deseo de todo pensador es llegar a una concepción de la Realidad que permita aceptar su diversidad infinita pero que al mismo tiempo lo sitúe en la perspectiva de una visión unificadora de la misma.
El modelo Sintérgico pretende lograr este ambicioso propósito a través de la conceptualización de un esquema que explique la creación de la percepción.
De acuerdo con el modelo Sintérgico, la Conciencia es un atributo de la Lattice del Espacio-Tiempo cuyo estado fundamental o básico constituye también el estado primordial de la Conciencia, lo que bien podría denominarse Conciencia Pura.
Los diferentes niveles de la Conciencia son otros tantos estratos de las distorsiones que la estructura básica de la Lattice puede asumir.
La Conciencia humana, por ejemplo, aparece cuando el cerebro humano logra crear un Campo Neuronal que instaura una macrodistorsión hipercompleja en la Lattice.
Desde este punto de vista, una imagen visual, como ya vimos, es en sí misma una particular distorsión tridimensional de la Lattice que requiere, para ser activada, de un cerebro humano y un Campo Neuronal pero que no precisa de un Observador para existir. Por ello, S. M. Goenka, uno de los más afamados maestros de Vipassana afirmó en una ocasión (Comunicación Personal, 1984) que «la imagen se ve en sí misma y el sonido se oye en sí mismo».
Las diferentes cualidades de la Conciencia y sus niveles son explicados por la Teoría Sintérgica como asociados con estratos discretos de organización de la Lattice.
Estas Bandas Sintérgicas corresponden también con estratos discretos (Neurosintérgicos) del Campo Neuronal.
La Lattice parecería ser capaz de distorsionarse a lo largo de un continuo sin pasos abruptos. Lo mismo podría ser considerado para la Neurosintergia del Campo Neuronal. Es decir, teóricamente no tendrían que existir ni Bandas Sintérgicas en la Lattice ni niveles cuánticos de organización Neurosintérgica del Campo Neuronal. Sin embargo, toda la evidencia descrita en este capítulo acerca de la existencia de diferentes niveles de la Conciencia señala que debe ser asumida una organización discreta tanto para la Lattice como para el Campo Neuronal.
De esta forma, cada nivel de la Conciencia correspondería con una interacción congruente entre una Banda Sintérgica y un Campo Neuronal con un nivel Neurosintérgico análogo a la Sintergia de la Banda correspondiente de la Lattice.
De la misma forma que cada punto de la Lattice contiene la totalidad, así cada experiencia es una vivencia de la totalidad por la totalidad misma. El hecho de que no lo comprendamos así depende de nuestro nivel de entendimiento y de la identidad que asumimos.
Vivir una imagen visual como vista por sí misma requiere de un darse cuenta difícil de lograr. Es más fácil arrogarse una identidad concreta y considerarla como centro de la percepción, puesto que eso está más de acuerdo con el sentido común, el cual nos presenta centros separados e independientes de existencia tales como los objetos o los cuerpos orgánicos.
Cada cualidad sensorial es un nivel de la Conciencia y corresponde con una Banda Sintérgica particular en interacción congruente con un Campo Neuronal de una Neurosintergia específica.
Esta última está determinada, en parte, por la densidad informacional del Campo Neuronal, la que a su vez, depende de la cantidad de interacciones neuronales. Ésta está dada por la duración del procesamiento cerebral por lo que asociado con la Neurosintergia se encuentra un funcionamiento en determinada duración del presente.
Ya había mencionado que la expansión de la duración del presente determina una percepción temporal definida en la cual una serie de acontecimientos sucediendo en diferente tiempo se unifican. La unificación temporal es una transformación del espacio en Tiempo y por ello se puede concebir como una penetración a la tetradimensionalidad. Así cada nivel de la Conciencia podría concebirse como funcionando en la tetradimensionalidad o como penetrando en ella.
La tetradimensionalidad posee como atributo la Conciencia por lo que cada cualidad sensorial con una diferente duración de presente y cada nivel de Conciencia también ocurriendo en una particular duración del presente, podrían concebirse como distintos estratos de penetración al Universo tetradimensional hasta que en el límite de expansión máxima de la duración del presente, lo que existe es la tetradimensionalidad pura de la Lattice en Conciencia pura.
En conclusión, las Orbitales de la Conciencia son los diferentes niveles que la Conciencia es capaz de asumir, desde su identificación con aspectos concretos de la realidad hasta la Conciencia de Unidad en donde no existen dicotomías y separaciones entre objetos y sujetos. En este nivel de fusión entre el Observador y lo observado, la experiencia resultante es que la imagen se ve a sí misma y el sonido se oye a sí mismo.
Los diferentes niveles de la Conciencia dependen de la Sintergia del Campo Neuronal en el nivel de la experiencia y de la capacidad Neuroalgorítmica en el nivel de comprensión.