Capítulo XX
La palabra “manipulación” ha llegado a tener un sonido feo, necesita un alias. No creo que haya nada tan misterioso o torcido en el proceso en sí mismo cuando tiene por objeto la venta de una acción al por mayor, siempre que, por supuesto, tales operaciones no vayan acompañadas de una falsa representación. No hay duda de que un manipulador busca necesariamente sus compradores entre los especuladores. Se dirige a hombres que buscan grandes rendimientos de su capital y que por lo tanto, están dispuestos a correr un riesgo comercial mayor que el normal. No puedo sentir mucha simpatía por el hombre que, sabiendo esto, culpa a los demás de su propio fracaso a la hora de hacer dinero fácil. Es un tipo muy inteligente cuando gana. Pero cuando pierde dinero, el otro era un ladrón, un manipulador. En tales momentos y de tales labios la palabra tiene la connotación de jugar con cartas marcadas. Pero no es así.
Usualmente, el objetivo de la manipulación es desarrollar la comerciabilidad, es decir, la capacidad de disponer de bloques de tamaño justo a algún precio en cualquier momento. Por supuesto que un grupo poseedor de valores, a causa de una inversión de las condiciones generales del mercado, puede encontrar dificultades para venderlos, excepto a un precio demasiado sacrificado para ser satisfactorio. En tal caso, el grupo puede decidir la contratación de un profesional creyendo que su habilidad y experiencia le permitirán hacer una retirada ordenada en lugar de sufrir una humillante derrota.
Notarás que no hablo de la manipulación diseñada para permitir una acumulación considerable de una acción lo más económica posible, como, por ejemplo, en la comprar para el control, porque esto no ocurre a menudo en la actualidad.
Cuando Jay Gould quiso afianzar su control de Western Union y decidió comprar un gran paquete de acciones, Washington E. Connor, que hacía años que no pisaba el parqué de la bolsa, de pronto se presentó en persona donde operan los agentes. Comenzó a apostar por las acciones de Western Union y todos los operadores sin excepción, se rieron de él, más que nada de su estupidez por creerlos tan imbéciles. De buen agrado le vendieron todas las acciones que quiso comprar. Era un truco demasiado burdo, eso de pensar que podía hacer subir la cotización actuando como si el Sr. Gould quisiera comprar acciones de Western Union. ¿Eso se puede considerar manipulación? Creo que esta pregunta solo se contesta diciendo, “¡No; y sí!”
En la mayoría de los casos el objeto de la manipulación, como dije, es vender acciones al público al mejor precio posible. No se trata solamente de vender, sino de distribuir. Evidentemente, es mejor en todos los sentidos que una acción esté en manos de mil personas que de un solo hombre, para que el mercado la tenga. Por lo tanto, no es solo la venta a buen precio, sino el carácter de la distribución lo que un manipulador debe considerar.
No tiene sentido marcar el precio a un nivel muy alto si no puedes inducir al público a quitárselo de las manos después. Cada vez que los manipuladores inexpertos intentan descargar al máximo y fracasan, los veteranos se muestran muy sabios y te dicen que puedes llevar un caballo al agua pero no puedes hacerle beber. ¡Tipos originales! De hecho, es bueno recordar una regla de manipulación, una regla que Keene y sus hábiles predecesores conocían bien. Es la siguiente: las acciones se manipulan hasta el punto más alto posible y luego se venden al público cuando bajan.
Déjame empezar desde el principio. Supongamos que hay alguien –un grupo de aseguradores o un grupo de individuos o incluso un individuo solo, tiene un paquete de acciones que desea vender al mejor precio posible. Se trata de un valor que cotiza en la Bolsa de Nueva York y el mejor lugar para venderlo debería ser el mercado abierto, así como el mejor comprador debería ser el público en general. Las negociaciones para la venta están a cargo de un hombre. Esta persona o un colaborador suyo actual o anterior, ha intentado vender las acciones en la bolsa y no lo ha logrado. Está suficientemente familiarizado con las operaciones de la bolsa como para darse cuenta de que se necesita más experiencia y mayor aptitud para el trabajo que la que él posee. Conoce personalmente o por referencias a varios hombres que han tenido éxito en la gestión de operaciones similares y decide aprovechar su habilidad profesional. Busca a uno de ellos como buscaría a un médico si estuviera enfermo o a un ingeniero si necesitara esa clase de experto.
Supongamos que ha escuchado hablar de mí como un hombre que conoce el juego. Supongo que intentará averiguar todo lo que pueda sobre mí. Entonces prepara una entrevista y a su debido tiempo llama a mi oficina.
Por supuesto, lo más probable es que yo conozca las acciones y lo que representa. Es mi trabajo saber.
Así es como me gano la vida. Mi visitante me dice lo que él y sus socios desean hacer y me pide que lleve a cabo la operación.
Entonces me toca hablar a mí. Pido toda la información que considero necesaria para tener una idea clara de lo que se me pide que haga. Determino el valor y estimo las posibilidades de mercado de esa acción. Eso y mi lectura de las condiciones actuales me ayudan a su vez a calibrar las posibilidades de éxito de la operación propuesta.
Si mi información me inclina a una opinión favorable, acepto la propuesta y le digo en ese momento cuáles serán las condiciones de mis servicios. Si él, a su vez, acepta mis términos, los honorarios y las condiciones, comienzo mi trabajo de inmediato.
Generalmente, pido y recibo llamadas sobre un paquete de acciones. Insisto en que las opciones de comprar sean escalonadas, ya que son las más justas para todos los interesados. El precio de la opción de compra comienza un poco por debajo del precio de mercado vigente y va subiendo; digamos, por ejemplo, que recibo opciones de compra por cien mil acciones y que la acción cotiza a 40. Comienzo con una opción de compra por unas miles de acciones a 35, otra a 37, otra a 40 y a 45 y 50 y así sucesivamente hasta llegar a 75 u 80.
Si como resultado de mi trabajo profesional mi manipulación el precio sube y si en el nivel más alto hay una buena demanda de las acciones de modo que pueda vender paquetes de cantidades importantes, por supuesto que las vendo. Estoy ganando dinero; pero también mis clientes están ganando dinero. Así es como debe ser. Si mi habilidad es lo que están pagando, deberían recibir lo que pagan. Aunque hay ocasiones en las que un grupo acaba perdiendo, aunque eso pasa pocas veces, porque yo no acepto el trabajo si no veo claro que puedo obtener una ganancia. Este año no tuve tanta suerte en una o dos operaciones y no obtuve ganancia alguna. Hay razones, pero esa es otra historia que contaré más adelante, tal vez.
El primer paso en un movimiento alcista en una acción es anunciar el hecho de que hay un movimiento alcista en marcha. Parece una tontería, ¿verdad? Bueno, piensa un momento. No es tan tonto como parece, ¿verdad? La forma más eficaz de anunciar lo que, en efecto, son tus honorables intenciones es hacer que la acción sea activa y fuerte. Al fin y al cabo, el mayor agente publicitario del mundo es el teletipo y el mejor medio publicitario, con diferencia es la cinta. No tengo que sacar ninguna literatura para mis clientes. No tengo que informar a la prensa diaria sobre el valor de las acciones ni trabajar en las revistas financieras para obtener avisos sobre las perspectivas de la compañía. Tampoco tengo que conseguir seguidores. Consigo todas estas cosas tan deseables simplemente haciendo que la acción esté activa. Cuando hay actividad hay una demanda sincrónica de explicaciones; y eso significa, por supuesto, que las razones necesarias para la publicación se suministran por sí mismas sin la más mínima ayuda de mi parte.
La actividad es lo único que piden los operadores de parqué. Comprarán o venderán cualquier acción a cualquier nivel con tal de que haya un mercado libre para ella. Negociarán miles de acciones allí donde vean actividad y su capacidad agregada es considerable. Sucede necesariamente que constituyen la primera cosecha de compradores del manipulador. Te seguirán todo el camino y por lo tanto, son una gran ayuda en todas las etapas de la operación. Tengo entendido que James R. Keene solía emplear a los más activos de los operadores del parqué, tanto para ocultar el origen de la manipulación como porque sabía que eran, sin duda, los que mejor distribuyen los datos y expanden el negocio. Con frecuencia, también les pasaba órdenes de compra verbales por encima del mercado, de modo que pudieran hacer algún trabajo útil antes de realizar el valor, pero les hacía obtener las ganancias. Para conseguir un seguimiento profesional, yo nunca he tenido que hacer otra cosa que poner un valor en activo. Los operadores no piden nada más, pero cabe recordar que esto profesionales que trabajan en el parqué de la bolsa compran acciones con la intención de venderlas y obtener una ganancia. No insisten en que sea una ganancia grande, pero sí que sea rápida.
Hago que la acción esté activa para atraer la atención de los especuladores hacia ella, por las razones que he dado. Lo compro y lo vendo; y los operadores me siguen. La presión de la venta no suele ser fuerte cuando un hombre tiene la misma cantidad de acciones en posición especulativa en opciones de compra que la que yo insisto en tener. La compra, por lo tanto, prevalece sobre la venta y el público sigue el liderazgo no tanto del manipulador como de los operadores del parqué. Hay comprador y como resultado, yo satisfago esa demanda altamente deseable, o sea, vendo acciones. Si la demanda es como debe ser, absorberá más de la cantidad de acciones que me vi obligado a acumular en las primeras etapas de la manipulación y cuando esto sucede, vendo técnicamente al descubierto. En otras palabras, vendo más acciones de las que tengo en mi poder. Es una acción completamente segura porque en realidad estoy vendiendo contra mis opciones de compra. Por supuesto que cuando la demanda del público decae, la cotización cesa de subir y entonces espero.
Digamos, entonces, que la acción ha dejado de subir. Llega un día débil. Puede que todo el mercado desarrolle una tendencia reaccionaria o que algún operador despabilado perciba que no hay órdenes de compra en mi acción y la venda así que sus compañeros hacen lo mismo. Sea cual sea la razón, mis acciones empiezan a bajar. Pues bien, empiezo a comprarlas. Le doy el apoyo que debe tener una acción si cuenta con el favor de sus patrocinadores y más aún, logro apoyarlo sin acumularlo, o sea, sin incrementar la cantidad de acciones que tendré que vender más tarde. Observemos que todo esto lo hago sin disminuir mis recursos financieros. Por supuesto que lo que realmente estoy haciendo es cubrir las acciones que vendí al descubierto a precios más altos cuando la demanda del público, de los operadores o de ambas partes me lo permitía. Siempre es bueno dejar bien claro, tanto a los operadores como al público, que hay demanda del valor en cuestión a la baja. Eso tiende a controlar tanto la venta imprudente al descubierto por parte de los profesionales como la liquidación por parte de tenedores astutos, que es la clase de venta que generalmente se ve cuando un valor se vuelve cada vez más débil, que a su vez es lo que hace un valor cuando no encuentra apoyo. Estas compras que hago para cubrir constituyen lo que yo llamo el proceso de estabilización.
A medida que el mercado se amplía, por supuesto, vendo acciones al alza, pero nunca lo suficiente como para frenar la subida. Esto se ajusta estrictamente a mis planes de estabilización. Es obvio que cuantas más acciones vendo en una subida razonable y ordenada, más estímulo a los especuladores conservadores, que son más numerosos que los operadores intrépidos; además, más apoyo le podré prestar al valor en los inevitables días débiles. Estando siempre al descubierto, también estoy siempre en condiciones de apoyar el valor sin peligro para mí mismo. Por regla general, comienzo a vender a un precio que me produzca una ganancia, pero con frecuencia vendo sin ganar nada, sencillamente para crear o aumentar lo que llamo mi poder adquisitivo sin riesgo. Mi trabajo no solo es hacer subir el precio o vender un enorme paquete de acciones para un cliente, sino también ganar dinero para mí. Por eso es que no le pido a ningún cliente que financie mis operaciones. Mis honorarios dependen de mi éxito.
Por supuesto, lo que he descrito no es mi práctica invariable. No tengo ni me adhiero a un sistema inflexible. Modifico mis condiciones de acuerdo a las circunstancias.
Una acción que se desea distribuir debe ser manipulada hasta el punto más alto posible y luego vendida. Repito esto tanto porque es fundamental como porque el público aparentemente cree que las ventas se hacen todas al precio más alto. A veces una acción se queda estancada, no sube; ese es el momento de venderla. El precio, naturalmente, bajará más de lo que deseas, pero generalmente se puede recuperar. Mientras una acción que estoy manipulando suba con mi compra, sé que estoy bien y si es necesario la compro con confianza y uso mi propio dinero sin miedo, precisamente como lo haría con cualquier otra acción que actué de la misma manera. Es la línea de menor resistencia. Te acuerdas de mis teorías al respecto, ¿verdad? Pues bien, cuando la línea de menor resistencia del precio queda establecida, yo la sigo, pero no porque esté manipulando ese valor concreto en ese momento preciso, sino porque soy operador de la bolsa en todo momento.
Cuando mis compras no hacen subir la acción, dejo de comprar y procedo a venderla a la baja; y eso también es exactamente lo que haría con esa misma acción si no estuviera manipulándola. La principal comercialización de las acciones, como sabes, se hace a la baja. Es perfectamente sorprendente la cantidad de acciones de las que un hombre puede desprenderse a la baja.
Repito que en ningún momento de la manipulación me olvido de que soy un manipulador de acciones. Mis problemas como manipulador, después de todo, son los mismos a los que me enfrento como operador. Toda la manipulación llega a su fin cuando el manipulador no puede hacer que una acción haga lo que él quiere que haga. Cuando la acción que estás manipulando no actúa como debería, hay que dejarlo. No discutas con la cinta. No trates de recuperar las ganancias. Sal del mercado cuando aún puedas hacerlo sin que te cueste una fortuna.